Escuchar la voz del silencio para encontrarse

Escuchar la voz del silencio para encontrarse

Algunos se desligan de lo común más rápido que otros; ese fue el caso de Juan Felipe Jaramillo Toro. Tenía 14 años cuando descubrió, en una conversación con su interior, que no sintonizaba con la creencia en una entidad superior que vigilaba y castigaba a sus fieles.

Los saberes ancestrales fueron su ruta para conectarse con la espiritualidad, y convivir con los mamos de la Sierra Nevada de Santa Marta fue su objetivo, que se vio truncado cuando los mismos sabios le dijeron que ese no era su lugar, que debía buscar otro camino. Ante la negativa, Juan decidió resistir; su respuesta fue quedarse un año más en la montaña.

Cuando su estadía en la sierra estaba a punto de terminar, sucedió una afortunada coincidencia: al lugar llegó alguien más, joven como él, pero con una conexión distinta, el budismo zen. Quince días de meditar, de descubrir el idioma del silencio bastaron para estar embebido; le permitieron sentir que se encontraba después de haber estado perdido.

Ese fue el punto de partida de un viaje que lo llevó por distintos maestros y visiones, en todas permanecía el silencio como esa herramienta para hallar la paz y la felicidad.

Para el budismo zen, el silencio es mucho más que la ausencia de ruido; el silencio es el fondo del sonido, es la escucha completa, es la única manera de abrir la puerta al interior para descubrirse como ser y conectar con lo esencial.

Hoy, Juan es sacerdote zen y su nombre tradicional es Sanriki. Cinco décadas atrás, desde que inició su viaje, el silencio ha sido su compañía y banda sonora; a través de él comprende y experimenta su unión con los otros seres que habitan el mundo, y también percibe que existe algo ahí a lo que sabe que pertenece, aunque no pueda nombrarlo. Es en el silencio en donde encuentra su paz y felicidad.

 

Los sonidos en la espiritualidad
El sonido y la repetición son elementos universales y comunes en las religiones y distintas prácticas espirituales humanas. Mantras, oraciones y cantos tienen un objetivo común: permitir
que las personas alcancen niveles profundos de concentración.

Según la neurociencia
La repetición de palabras y sonidos armonizantes permite que el cerebro interrumpa un proceso llamado modo por defecto; se trata del flujo ininterrumpido y descontrolado de pensamientos con sus respectivas asociaciones, en otras palabras, el modo por defecto es el ruido del sistema nervioso.

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