Esa obstinación sobrenatural

Esa obstinación sobrenatural
Esa obstinación natural del ser humano por adecuar a su conveniencia cada centímetro.

Existen personas que no se conforman con lo establecido, Jorge es una de ellas. Una historia sobre cómo la ciencia es capaz de cambiar el mundo con el impulso de los espíritus insatisfechos.

 

Jorge Barrera, como quienes se dedican a la ciencia, es un insatisfecho proactivo. Alguien para quien son insuficientes las respuestas establecidas y existe la necesidad de comprobar por si mismo el resultado de las cosas.

Es ingeniero mecánico, nació en Medellín, cursó el colegió y en contra de quienes lo rodeaban decidió aplicar para hacer su carrera universitaria en el Instituto de tecnología de Massachusetts (MIT), la mejor universidad del mundo en cuanto a ingenierías se refiere. Fue aceptado, hizo maletas y se fue para Boston, en Estados Unidos. Allí, además de experimentar la teoría y la práctica de la ingeniería, también aprendió algo que hoy considera clave: no tener miedo.

Después de varias experiencias laborales, cumplir el sueño americano, trabajar en multinacionales y participar en la fundación de distintas startups exitosas en el sector tecnológico, regresó a Medellín con un propósito que encontró refugio en la ciencia: aprender, desarrollar y transmitir a otros la idea innovadora de construir vehículos solares.

Tuvo la oportunidad de trabajar con la Universidad Eafit; formó con estudiantes un grupo competitivo para prototipar y desarrollar vehículos que se impulsaran con la energía del sol. Como todos los procesos en la ciencia, fue en contracorriente de lo que muchos pensaron sería un fracaso. Sin embargo, esa misma chispa y obstinación fueron el arranque de un proyecto que se convirtió en referente para muchas universidades del país.

Se trató de ciencia en su máximo esplendor, una lucha por la optimización extrema para «ganarse» el último centímetro, el último vatio, el último gramo, el último rayo de energía solar. Jorge reconoce que se trata de un tema que puede ser frustrante para algunos y es justo ahí donde la insatisfacción de no lograr el resultado al primer intento, más que una traba se convierte en impulso para ir en contra del deseo administrativo de buscar la salida fácil, de comprar lo que ya está hecho.

Este ingeniero siempre tuvo claro que en Colombia había gente buena, capaz de convertirse en referente para la ciencia de cualquier rincón del planeta, una sensación que reafirmó al trabajar con jóvenes, por eso empezó a hacerse preguntas: ¿si en Colombia hay gente estudiosa, que siempre quiere dar más, que se cuestiona y está insatisfecha con las respuestas existentes, por qué se tiene que ir del país?, ¿esta gente extraordinaria por qué no puede quedarse?, ¿qué les hace falta?, ¿qué podía hacer él para cambiar eso?

A Jorge su talento y disciplina le daban posibilidades, por un lado: regresar a Estados Unidos, ya sabía cómo era el trabajo, tenía contactos, posibilidades de obtener capital y de empezar una empresa nueva, rápido. Por otro lado, estaba su insatisfacción de ver cómo el talento abandonaba, prematuramente a Colombia. Sabía que era difícil propiciar las condiciones para que las mentes brillantes se quedaran, pero sentía que él tenía que aportar a esa causa. Eligió quedarse y usar su experiencia con el objetivo de fundar una empresa de alta tecnología en Medellín, un lugar donde esas grandes mentes que surgen en las universidades locales y nacionales hagan una estación, se prueben, innoven y puedan hacer cosas distintas, únicas.

Fundó MULTIPLO Colombia, empresa que quiere transformar y salvar al planeta mediante la creación de soluciones de movilidad y de energía renovable que nos permitan a todos respirar aire limpio. Es su contribución para lograr que cada vez más jóvenes sueñen con diseñar carros, motos, buses y baterías que admitan que Colombia deje de importar tecnología obsoleta, que, además, es nociva para la salud. Trabajar en un sector competitivo que se dedica a lo desconocido es como iniciar una maratón interminable, en la que más allá del desarrollo de los vehículos que, por naturaleza, es desafiante y de los problemas financieros, cotidianos en cualquier empresa, enfrenta a la mente humana al fracaso constante. Muchos abandonan a mitad de carrera.

Las personas que se dedican a la ciencia son poseedoras de una obstinación casi sobrenatural, una capacidad única de intentar las cosas una y mil veces, y una insatisfacción permanente con las respuestas que existen y no pueden comprobar. Si no fuera así, Cristóbal Colón, a quien tildaban de loco, no hubiese comprobado que el planeta era redondo, y Galileo Galilei, quien se enfrentó a la iglesia y fue condenado, no hubiese podido demostrar que la tierra gira alrededor del sol, ni fundar las bases de la física mecánica moderna. La insatisfacción y persistencia de estos personajes y de muchos otros es lo que hace avanzar al mundo.

A Jorge la ciencia le enseñó a canalizar esa obstinación sobrenatural, a través del ensayo y error. Lleva ya dos intentos fallidos por consolidar su empresa Hi tech en Medellín. Hoy va por el tercero, no se va a rendir hasta lograrlo.

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En defensa de la insatisfacción proactiva… Porque la capacidad de intentarlo siempre una vez más es la que hace evolucionar al mundo.

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¿Qué proyectos o situaciones dejaste a medias?, ¿valdrá la pena intentarlo de nuevo?

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