Enfocarse para dejar de sufrir

Los momentos más importantes de la vida de María Camila estuvieron marcados por la ausencia de su papá. Durante muchos años le guardó rencor por ello. Una historia sobre cómo la atención es la clave para dejar de enfocarse en las ofensas y poder perdonar.

Tal vez esperamos mucho de nuestros padres: una mamá cariñosa, cuidadora y empática. Un papá ejemplar para seguir, un super héroe de carne y hueso. La realidad es que, como nosotros, son vulnerables y también se equivocan.

A María Camila Cardona, diseñadora y comunicadora social, le costó cuatro años de terapia entenderlo. Su padre fue un hombre ausente y, aunque respondía económicamente, no era esa figura con presencia permanente.

María lo define como un «patriarca de la vieja escuela», un hombre que le llevaba muchos años a su mamá, conservador en sus pensamientos y de malos tratos hacia su esposa. Algo inaceptable para su hija.

«Sentía que era esa diferencia de edad lo que lo hacía tener un trato distinto hacia mi hermano, mi mamá y yo», explica María Camila. «Antes de que nosotros naciéramos, él ya había tenido cuatro hijos. Creo que por eso él siempre que nos veía se frustraba o no le gustaba que estuviéramos ahí».

Esa rabia guardada solo aguanta hasta un punto. Fue exactamente en el 2016, cuando María Camila sintió que tocó fondo en lo afectada que estaba la convivencia con su papá. Se dio cuenta cuando terminó una relación amorosa en la que comprendió que no se hacía cargo de sus problemas emocionales.

«Mi exnovio me llevaba diez años, por lo que empecé a verlo como esa figura que me debía proteger porque nadie más lo hacía», cuenta. «Tuve actitudes que correspondían a esa niña con carencias, abandonada. Pensaba que las personas estaban conmigo por pesar. Era muy insegura», afirma.

Empezó terapia con ánimos de superar el dolor por la relación, pues sentía que muchas cosas eran culpa de su exnovio. Lo más emocionante, en sus palabras, fue darse cuenta de que gran parte de sus problemas personales se desencadenaban en la relación con su papá.

En ese instante el rencor aumentó y lo que comenzó como una «tusa» terminó en una terapia reveladora para sanar esa rabia hacia su papá. En medio del proceso, María Camila recibió la noticia de que su padre tenía cáncer de próstata.

El diagnóstico fue un detonante para ella: «empecé a pensar: si a mi papá le pasa algo, ¿qué hago? ¿Me voy a quedar con todo esto reprimido sabiendo que tengo la oportunidad de decirlo ahora? Sabía que no seríamos inseparables como padre e hija, pero sentía que lo debía hacer por mí, para no cargar con el sentimiento el resto de mi vida», dice.

Con esas preguntas en mente, decidió restablecer la relación con su papá, quien logró vencer el cáncer y ahora, a sus 80 años, vive en un asilo, pues empezó a desarrollar demencia senil y Alzheimer. María Camila sigue pendiente de él y de su salud, y muchas veces lo visita, aunque él ya no recuerde quién es.

«Perdoné quitándole el poder y la atención a la situación… también trabajando en ese juez interno que siempre tenemos: cuando algo pasa lo catalogamos de bueno o malo según nuestras expectativas y prejuicios. Aprendí que lo que mi papá hiciera no era ni bueno ni malo, simplemente era. Y que él estaba haciendo lo mejor que podía con la información y recursos que tenía», relata.

No se trató de dejar de pensar en su papá ni de no prestarle atención a las emociones negativas que le trajo su proceso. Se trató, mejor, de encontrar el equilibrio justo en esa atención: escuchar sus pensamientos sin dejarse atrapar por ellos, aprender a cuestionarlos, no engancharse en ellos y dejarlos irse.

Ahora se siente mucho más tranquila, y aprendió que la relación con su padre no tenía por qué definir otros aspectos de su vida, como su relación de pareja. María Camila decidió poner su atención en sus sentimientos y en la humanidad del otro para lograr su propia tranquilidad.

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Poner atención es poder elegir… Según el psicólogo Mihalyi Csikszentmihalyi y su libro Fluir, cuando controlamos nuestra atención controlamos nuestra consciencia, así podemos elegir a qué recuerdos e ideas les damos más o menos importancia.

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¿A cuáles pensamientos les prestas más atención en tu vida?

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Los momentos más importantes de la vida de María Camila estuvieron marcados por la ausencia de su papá. Durante muchos años le guardó rencor...
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