Encontrar nuestro centro

ilustración david escobar para Comfama
Mi abuela Lety vivió en el centro de Medellín casi toda la vida. Cuando era niño, pasaba fines de semana en su casa, situada en Chile con Cuba, en Prado.

Me llevaba a misa y recuerdo cómo se quejaba porque la avenida Oriental, construida hacía pocos años, había hecho muy difícil llegar al Parque de Bolívar a pie.

Me contaba ella que mi papá, gracias a ser sobrino del padre Juan Escobar, sacerdote jesuita, se volaba de la casa y lograba el permiso para explorar los tejados de la catedral grande y solemne a la que ella me llevaba. Me imaginaba siguiendo los pasos de mi padre, caminando por peligrosos tejados y disfrutando de la vista más privilegiada de la ciudad. Nunca vi el centro desde las alturas de Villanueva. Algún día.

Durante los años de la infancia, mi único placer ilimitado autorizado eran los libros. “Cada que termines uno, podemos ir a comprar otro”. La Oveja Negra y la Continental eran mis favoritas. Nunca me escogieron un libro. Era completamente libre para encontrar mi siguiente juguete. En el centro exploré mi propia libertad de aprender.

Fue más tarde, explorando un centro más diverso y complejo con Eduardo, mi buen amigo desde el colegio, descubrí el pasaje La Bastilla, donde regateamos libros para hacer rendir la mesada de estudiantes universitarios. Allá también aprendimos que el centro era menos glamoroso, pero mucho más interesante que el de mi abuela y el de las librerías de la infancia. Con Emilio, el tercer mosquetero, mucho más avezado en los temas humanos y urbanos, enamorado de una artista que vivía en un apartamento cerca al Coltejer, aprendimos que el centro era también miedo, cine, fiesta, noche. No me volví un habitante del centro, pero siempre le tengo cariño por enseñarme a ser medellinense, dejarme experiencias y grandes recuerdos. Me gusta como es, complejo, porque ahí está la ciudad auténtica.

Los distritos de negocios y de turismo, los “barrios altos”, son todos iguales. Solo en los centros está la personalidad de una ciudad y se ve lo humano que late en ella. Por eso pienso que Medellín debe “encontrar su centro”. Claro que hoy se habita, se usa, se disfruta, también se sufre… pero aún no es de todos, ¡es de algunos!

Solo en los centros está la personalidad de una ciudad y se ve lo humano que late en ella

Diría que así como para ser felices debemos encontrar nuestro “centro”, un camino propio y una identidad, creo que Medellín será una gran ciudad cuando en el centro todos nos sintamos cómodos y tengamos cosas para hacer y disfrutar en sus espacios. Que las familias quieran ir los domingos. Que los jóvenes se encuentren todos en la calle a conversar, reír, comer o bailar. Que los empresarios quieran invertir. Que la gente añore vivir en él en algún momento en su vida.

Los mejores cines, los grandes teatros, el comercio todo, desde el puesto de revistas, la tienda de barrio hasta la ropa más bonita. Que la cena para anunciar el nacimiento de un hijo se invite en el centro, que todos vayamos, por gusto.

Por nuestro lado, debo decir que Comfama ama el centro de Medellín (y el de Apartadó, o de Rionegro, y todos los pueblos donde estamos). Nuestro más grande centro de salud para más de 140 mil personas está en San Ignacio y estamos invirtiendo para ampliarlo.

En nuestro Claustro de San Ignacio atendemos más de 1 millón de personas por año, y lo queremos abrir más, llenar de vida y de gente toda la semana. Allí está en proceso un gran proyecto para emocionar a Antioquia entera con el edificio más hermoso de los pocos edificios históricos que nos quedan, con experiencias inspiradoras y creativas.

(Lee también: La salud que nos damos).

También estamos trabajando con Ruta N para que en el centro esté el espacio para apoyar a los emprendedores del arte, el diseño y lo social. Igualmente, el edificio Vásquez, patrimonio del Municipio que cuidamos y mantenemos lleno de programas educativos, atiende a los trabajadores de la Alpujarra y de Guayaquil, con dignidad y calidad. Son muchos espacios y programas, solo cito los más emocionantes.

Finalmente, quisiera decir que lo habitamos con cariño, solo que lo soñamos más incluyente, limpio y feliz. Por eso lo estamos llenando de contenidos, vida, invitaciones y seducción en lo que nos corresponde. Por esa razón somos parte de la Alianza Ciudadana de Caminá pa’l centro. Por eso firmamos con gusto y compromiso el pacto para su cuidado que propuso el Alcalde de Medellín. Por eso la mitad de nuestros empleados están en el centro, y por eso también este es nuestro tema central en el informador de este mes.

Creemos que en el centro habita el alma única de Medellín y de Antioquia, y por ello queremos hacer nuestro aporte, por coherencia social y convicción ciudadana.

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Mi abuela Lety vivió en el centro de Medellín casi toda la vida. Cuando era niño, pasaba fines de semana en su casa, situada en Chile con Cuba, en Prado.
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