Este lugar de la noche

ilustración niño durmiendo
Así se titula el libro del poeta colombiano José Manuel Arango. Sergio Restrepo toma prestadas esas palabras para hablar del insomnio.

En la noche se hace y se vive el amor, se hace y se vive la vida. Es el lugar propicio para los sueños, es el lugar de las sombras y penumbras, para que no sepan que estamos haciendo lo imposible. Es donde todo se puede; ¡cuidado! lo malo también. Un día, un teatrero noctámbulo de Medellín, me dijo que los dioses hicieron los días para que los hombres narraran lo que vivían en las noches, pero que vinieron las religiones y nos privaron de este Olimpo, que esa fue la verdadera expulsión del paraíso.

Yo tengo un “Jet lag” (que palabra tan fea) permanente; siempre mi cuerpo quiere estar despierto cuando casi todos duermen. Y me dice mi madre, yo no recuerdo mis primeros muchos años de niño, que casi no dormía y que me pasaba las noches sin llorar; me ponía a jugar con mis manos, a mirar todo a mi alrededor tan atentamente que les preocupaba a mis tías.

Me encanta el clima de Medellín, pero de noche; no me asusta la movilidad ni la calle. Y es que mi cerebro funciona, si es que lo hace, mejor: la ciudad cierra como si se muriera toda una noche, y lo peor es que los que habitamos a esas horas somos mirados como si fuéramos espectros rarísimos, soñados en la vida de los otros que duermen y andan aburridos. Se desprecia lo que se tiene: la vida.

En la noche se cierran cortinas, persianas, rejas, puertas y todo lo que tenga aldaba; se dejan de usar los colegios en los que en los días casi no caben los niños; se cierran las universidades en cuyo tiempo sus salones son ociosos e inservibles.

Yo generalmente a esa hora no puedo dormir, y cualquier día me puse a buscar en Twitter si existía una cosa que se llamara #ClubdelInsomnio; ¡Oh sorpresa! Me di cuenta de que al otro lado del planeta la gente está despierta y es de día, y que, a este lado, entre las penumbras, hay mucha gente charlando, pensando, soñando, con deseos de discutir, pelear, amar y sentir.

Este club funciona solo; participa el que quiera, y celebramos cada que alguien se sale. La membresía es tan sólo un hashtag. Y así, muchas noches me
acompaño de seres de los que en la mayoría de casos ni imagino sus caras. Yo soy agitador: pongo temas de actualidad, problemas, dilemas, preguntas o cortos textos literarios; hasta pienso que me va a leer mi “radioneurointervencionista”.

Si fuéramos muchos más en el #ClubdelInsomnio, no sólo en redes sino en la vida cotidiana, podríamos multiplicar por dos los salones, las oficinas, la malla vial de la ciudad, las oportunidades de amar y vivir también; todo esto sin tumbar un sólo árbol. ¡Despierten!

Si quieres dormir mejor

En su libro “Dormir”, Nick Littlehales, coach de sueño para equipos deportivos de alto rendimiento, afirma que un buen dormir se desliga de la mirada tradicional de las 8 horas de sueño y le da mayor valor a la calidad que a la cantidad de horas que se pasan en la cama.  Su método se llama R90 y plantea ciclos de reposo de 90 minutos. Este es el tiempo que se toma el cuerpo en pasar por todas las fases del sueño: adormecimiento, sueño ligero y sueño profundo. La propuesta es identificar cuántos ciclos seguidos de sueño requiere cada persona. El indicador de éxito es despertar revitalizado. Prima la calidad y no la cantidad.

Para una mente sana

Pasa tiempo a solas en el que puedas hacer lo que te hace feliz. Reconcíliate con los pequeños placeres de la vida.

Regresa: Una mente sana 

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Así se titula el libro del poeta colombiano José Manuel Arango. Sergio Restrepo toma prestadas esas palabras para hablar del insomnio.
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