“El día en que conocimos el mar”

Julián ha repetido la historia con su hijo Juan. Hoy nadan juntos en la misma piscina. Hoy se ríen juntos por los mismos recuerdos, como conocer el mar.

“¿Volar? Varios de nosotros nunca nos habíamos subido antes a un avión. Dijimos que la íbamos a hacer completa: con aplausos y todo cuando fuéramos a aterrizar. Yo no le voy a negar que no faltaron los nervios. El avión no se movió mucho en el aire ni nada, pero es que eso siempre es muy bravo. ¿Se imagina? Ahí iba, prácticamente, toda la familia. Éramos trece. Primos, tíos, mis papás, mi esposa, mi hijo. Donde pase algo, ahí se acaba el apellido…”.

Lo dice riéndose. Es Julián. Nunca deja de reírse. Tiene la sonrisa pronta y la mirada despierta. Habla con el cuerpo completo; mueve los brazos, lleva el relato con movimientos de los hombros, de las manos, ninguna silla lo detiene a la hora de contar una historia, menos esta que es tan importante. El día cuando conoció el mar. Ha pasado un año de aquel viaje y todavía vuelve la mirada sobre esas fotografías que se sabe de memoria. Y son decenas. Su foto de perfil en Facebook tuvo mar de fondo durante meses. Las evidencias claras de una experiencia feliz.

La distancia que te separa del mar cuando vives en las montañas, a menudo puede ser la misma distancia que hay entre nuestros sueños y la realidad. Para recorrer ese trecho conviene tener convicción y empeño. Así se logran las metas.

Si algo le gusta a Julián en la vida, además de reír, es nadar. Él aprendió en las piscinas de Comfama de su barrio, Pedregal, y lo convirtió en hábito de cada semana. Allá iba primero con sus padres, con sus primos después, con sus amigos siempre. Y sigue yendo. Gozo poderoso. Aquaman podría ser su héroe de infancia antes que Batman o Superman. La natación para él es deporte y terapia y descanso a la vez.

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En tiempos de tempestad en la ciudad, diga usted veinticinco o veintiséis años atrás, al parque que queda a tres cuadras de su casa no entró nunca la tormenta. Esa tranquilidad, la de saber que Comfama es un lugar neutral ante todos los conflictos, hizo que sus padres lo llevaran allí con confianza. Como quien busca a la vez un oasis y un refugio.

Tal vez justo por eso es que Julián ha repetido la historia con su hijo Juan.

Hoy nadan juntos en la misma piscina.

Hoy se ríen juntos por los mismos recuerdos.

“Viajar en familia es compartir recuerdos”, dice Mauricio, el papá de Julián, el abuelo de Juan. Y cuando pronuncia esta frase está hablando de la semana que vivieron en San Andrés. Esa isla nuestra que es soberana y lejana, porción de paraíso idealizado para millones de colombianos.

Viajar no es solo un verbo que se pronuncia y se va, viajar es la vida misma abriéndose lugar. Y para los Muñoz lo más importante es la familia, todos lo dicen con distintas palabras. Por eso este viaje tenía un motivo para cada uno, y eso le daba sentido a todo. A todos. Dos primos festejaron el fin  de sus estudios, un tío celebró la jubilación, la tía que cumplió sesenta años, otros dos tenían su luna de miel después de siete años de casados, y estos que iban a ver el mar por primera vez para que el mar los conociera a ellos también.

El asunto fue así: los papás de Julián organizaron viaje a San Andrés con el nieto. Y Julián, entre risas, dijo qué cómo así que su hijo iba a conocer el mar sin él. Y antes que él. “¿Se equivocaron de niño pa´ llevar al mar?”. Entonces habló con dos primos, Carolina y Fabio, y les dijo: “Vengan, qué fichas movemos pa´que nos vamos todos”. Lo siguiente era convencer a un tío, el centinela al que todos hacen caso, y lo convencieron con el argumento de la confianza: “Vea que el viaje es con Comfama”. Entonces todo se hizo más fácil. Ellos, igual que cualquiera, han oído historias de estafas de agencias o agentes de viaje que prometen destinos a los que nadie llega después. O que nada se parece a la foto que vieron en internet. “Si es con Comfama, entonces es serio, vamos”, dijo el tío, que le dijo a otra tía y así sumaron trece familiares que, en dos reuniones generales, dieron la bendición al asunto y en quince días ya tenían viaje organizado de toda la tropa con permisos solicitados en los trabajos, inclusive.

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Aplaudieron, por supuesto, cuando el avión tocó tierra. Y se pusieron en camino maleta en mano al hotel Calipso, cuando en un cruce de esquinas, de pronto, la calle ya no era calle sino mar. La emoción de Julián es difícil de explicar. No fue hacia el hotel, corrió en dirección contraria, maleta en mano hacia el mar. Lo mismo su hijo Juan y su esposa, y los tres tocaron con las manos el agua y jugaron en la arena. Los tres por un instante tuvieron la misma edad del niño.

Podrías coleccionar frases para la próxima reunión familiar: “Usted sabe que uno es montañero y a donde va no ve sino montañas, por eso si uno quiere descansar hasta la vista es mejor tirar pa´l mar”, “Montar en avión es muy bueno, siempre y cuando no se caiga”, “El mar huele a pescado”, “Dejé salir el sireno que llevo adentro”, “El sonido del mar intempestivo salvaje y liberador”, “Hay hoteles cinco estrellas y hoteles cinco pulgas, el de nosotros fue muy bueno”, “Ella no se perdió, nos perdimos nosotros buscándola”, “Me da mucha alegría ir al jet sky con ellas y cuidar ahora a las tías que lo cuidaban a uno cuando estaba chiquito”. Y las frases siguen dichas igual en la voz de cualquiera porque la biografía es la misma y cada aventura fue compartida. ¿Conocen el dicho este de “Familia que reza unida permanece unida”? Bien, ellos aplican eso mismo al hecho de viajar juntos.  Y cuando regresan a casa, ellos pueden decir que se quieren un poquito más.

Escogieron San Andrés porque tiene un mar lleno de vida, dijeron.

Escogieron San Andrés porque ofrece noches entretenidas, contaron.

Escogieron San Andrés porque sabían que es un lugar al que les gustaría volver.

“¿Selfies? Claro, desde la primera vez que vimos el mar. En el acuario, en la playa, en los restaurantes, en la habitación del hotel, en las piscinas naturales, en el hoyo soplador… ¿dónde no?”

Cuando Comfama piensa en viajes, ¿entiendes?, no es un asunto simple de un tiquete en avión y una confirmación de reserva en un hotel. Cuando miras el álbum de recuerdo de la familia Muñoz comprendes las razones que han tenido quince mil setenta y dos personas a la fecha para escoger esta vía como la mejor forma de llegar a su destino y volver a casa.

“¿Otro viaje que queremos hacer? Ir al amazonas, juntos.

… Pero también hay que volver a San Andrés”.

 

Texto: Juan Mosquera Restrepo.

Fotos: Federico Ríos Escobar.

Comfama, en 2016, fue emocionante 

Confiamos en que cada momento que se comparte en familia es emocionante. Durante el 2016 reafirmamos nuestro compromiso con la generación de servicios y escenarios que permitan la conversación, el encuentro y la unión familiar.

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Julián ha repetido la historia con su hijo Juan. Hoy nadan juntos en la misma piscina. Hoy se ríen juntos por los mismos recuerdos, como conocer el mar.
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