Mi nuevo hogar: Medellín y la esperanza

pingüino Revista comfama
Un cambio de residencia, obligado o por gusto, es un reto que se agrega a las miles de emociones de la juventud.

Empezar una nueva vida en otro lugar, implica cambiar todo tu universo, ¿hay algún joven cerca de ti que esté pasando por una situación así?, ¿puedes apoyarlo?

Luisa Victoria
Ayudar a la adaptación reconociendo el valor del otro

¿Por qué viniste a Medellín?
Vine con Teresa Flórez, mi mamá, con mi hermano José y con Lucas, mi perrito. Buscábamos oportunidades para avanzar en nuestros proyectos de vida y sentíamos que en esta ciudad podíamos hacerlo sin tener muchos recursos económicos.

¿Qué fue lo más difícil de llegar?
Vivir en otra ciudad diferente a la mía era un reto, pero yo pensaba: “tengo dos opciones: estar triste y negativa o poner la mejor actitud, abierta a los cambios y siempre pensando que todo pasa por algo” y pues escogí la segunda. Fue un momento de bastante crecimiento personal.

¿Qué es lo que más extrañas de Tuluá?
A mi abuela Nidia, a mi papá Manuel, a mis tíos, primos y amigos. Ir los domingos a compartir en la finca con ellos, salir a caminar y que todo quede cerca y sin lomas. La comida con hayucos, el sancocho con cimarrón, la parva de la panadería Nancy y de La Espiga, y ese acento con saborcito que nos caracteriza.

¿Hay algún objeto o gesto que te mantenga unida a Tuluá?
(Responde con una foto abrazada a su mamá).

¿Cómo podríamos ayudar a que la llegada de otros sea más amable?
Sin pordebajear a nadie. Entendiendo que cada pueblo, ciudad y los habitantes que llegan de estos son importantes para el desarrollo.

Miguel Castro
Ayudar a la adaptación integrando al que llega a nuestras actividades culturales

¿Por qué viniste a Medellín?
A ser profesional. Mis padres vivían acá hacía más de cinco años y yo estaba en la Costa con mis hermanos. Me gradué, me gané una beca y la universidad en la que estoy fue muy atenta en todo el proceso de cambio.

¿De dónde vienes y qué es lo que más extrañas de ese lugar?
Vengo de Villa Fátima, Puerto Escondido, Córdoba. Lo que más extraño es la tranquilidad del campo, la paz y el amor de mis abuelos, el poder salir a los cultivos y saber que no tenía que comprar nada, estar con los animales y jugar todas las tardes con mis amigos del barrio.

¿Qué fue lo más difícil de llegar a Medellín?
La forma de incluirme socialmente. En la Costa nos conocíamos todos y no era difícil hablar con nadie. Yo soy muy tímido, imagínate enfrentarme a un nuevo mundo.

¿Hay algún objeto o gesto que te mantenga unido a Villa Fátima?
Aunque soy una persona desapegada de las cosas, siempre tengo fotos de mis abuelos.

¿Cómo podríamos ayudar a que la llegada de otros sea más amable?
Podrían tener espacios de comunicación entre comunidades, algo como unos periódicos o redes de networking para incluir a personas de otras partes del país en actividades de la ciudad.

 

Carlos Irigoyen
Ayudar a la adaptación evitando la discriminación

¿Por qué viniste a Medellín?
Para mejorar mi calidad de vida.

¿De dónde vienes y qué es lo que más extrañas de ese lugar?
Vengo de la segunda ciudad más importante de Venezuela, Valencia, municipio de San Diego. Extraño su gente, la calidad humana, la tranquilidad y la seguridad de vivir allí.

¿Qué fue lo más difícil de llegar a Medellín?
¡Uf! El trayecto del viaje y el tratar de sobrevivir día a día durante seis meses. Despertar cada mañana sin ver a mi familia ni a mi madre.

¿Hay algún objeto o gesto que te mantenga unido a San Diego?
El mejor recuerdo: haber vivido allí junto a mi madre. Siempre conservo sus fotos.

¿Quiénes te ayudaron a adaptarte?
Yo mismo, desde el momento en que pisé Colombia intenté adaptarme y respetar su cultura y a su gente.

¿Cómo podríamos ayudar a que la llegada de otros sea más amable?
Quitándose de la mente la discriminación y entendiendo que no todo venezolano es malo y que vinimos de paso a luchar y laborar por un futuro mejor. Somos países hermanos, menos discriminación.

(Lee también: Venezolanos en Comfama).

 

Por: Elizabeth Valencia, 21 años

“Soy Elizabeth Valencia, una líder pragmática y artista visual apasionada por el papel del arte como puente para la construcción colectiva y medio de visibilización de los modos de vida que la violencia ha ocultado. Tengo 21 años. Mi deseo para la sociedad: que le apostemos más a la cultura y a la sostenibilidad como ejes de nuestro desarrollo”.

 

Regresa: Desafío joven 

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Un cambio de residencia, obligado o por gusto, es un reto que se agrega a las miles de emociones de la juventud.
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