El debate hace que la ciencia avance

El desacuerdo, el debate y la controversia son motores que hacen que la ciencia se transforme. En ella, cuando se cree que hay una verdad, aparece un nuevo inicio.

“Todo lo que se sabe es casi nada en comparación con lo que queda por saber”, afirma René Descartes en El discurso sobre el método. Esto nos sugiere que todo nuestro conocimiento es solo un punto en una línea infinita que se transforma en distintas figuras. Y aunque ese punto sea, en apariencia, insignificante, resulta fundamental para que esa línea exista y se siga expandiendo. Junto a él se pondrán otros que irán formando, lentamente, nuevas figuras. Por ejemplo, la geometría de Riemann creada en el siglo XIX, una de las más complejas que se han planteado, fue clave para que en el siguiente siglo la relatividad se argumentara y sustentara.

En la ciencia, una de las fuerzas que junta los puntos de la línea y que le permite transformarse es la duda, el debate, la controversia, la refutación. En nuestros días la ciencia es algo falible, que puede contradecirse y que requiere de argumentos, debates públicos, manejo de emociones y ética. Atrás quedaron las pretensiones de juicios absolutos, en las que se pretendía entregar, a través de ella, una única versión del mundo. “La ciencia sola no construye una verdad dentro de la sociedad. El imaginario de que lo que ella dice puede firmarse sobre piedra, anula el debate en su interior y la convierte en religión”, sostiene Pablo Patiño, médico y doctor en inmunología, quien hace parte de la segunda Misión de Sabios de Colombia.

Desde el debate, la ciencia es saber y técnica; puede entenderse como un motor de progreso que nos ayuda a dar soluciones a nuestras necesidades, pero, no evoluciona solo en torno a los avances que le ofrece a una comunidad, también lo hace alrededor del conocimiento compartido y de los saberes de las comunidades que se discriminan, como lo expresó en vida Paul Feyerabend, filósofo de la ciencia, famoso por sus miradas críticas.

Esta postura reconoce la divulgación, la apertura al desencuentro, el contraste y el hallazgo de consensos, como algunos de los elementos claves que hoy nos permiten entender las discusiones científicas como caminos hacia el conocimiento y hacia su más importante objetivo: la atención de las necesidades de la humanidad. “En el pasado los debates de la ciencia giraban únicamente alrededor del conocimiento, así fuera solo por el conocimiento. Hoy, se concentran en dar mayor sentido a las necesidades que tiene la sociedad”, explica Patiño.

Hoy, la transformación de esa línea infinita que es la ciencia, abraza nuestras carencias, nos permite mirar hacia el futuro, y a la vez es una invitación, permanente para seguir con la discusión, como lo indica Patiño: “Solo se logra consolidar una propuesta teórica si se corrobora, si se falsea y si se comunica desde una perspectiva abierta a la refutación”.

Contrario a lo que suele creerse, la
ciencia, como se entiende hoy, es un
debate abierto en el cual se construyen
acuerdos, se sirve a la humanidad, se
hacen predicciones y no se revelan
verdades absolutas.

¿Qué temas crees que debería debatir la ciencia hoy?, ¿crees que tus ideas y que discutirlas puede ser un nuevo punto de partida para otros?

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El desacuerdo, el debate y la controversia son motores que hacen que la ciencia se transforme. En ella, cuando se cree que hay una verdad, aparece un nuevo inicio.
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