¿De qué nos reímos los antioqueños?

¿De qué nos reímos los antioqueños?

Por: Mico, de Tola y Maruja
Comediante y caricaturista

 

¿De qué nos reímos los antioqueños?
-Siguiente pregunta, amigo periodista… No, mentira, en serio. ¿De qué nos reímos los paisas? A ver… Empecemos por de qué nos reíamos, y tenemos que mencionar a Cosiaca, personaje de la picaresca paisa que era un arriero y es el protagonista de los chistes de mi niñez.

Los cuentos de Cosiaca están minados de flatulencias y excrementos y por eso tenían un éxito asegurado entre la gente, y más con los niños. En su obra El chiste y su relación con el inconsciente,
Freud dice que el adulto que le cuenta chistes de ventosidades a un niño es un inconsciente.

Puedo afirmar entonces, basado en mi experiencia, que Cosiaca moldeó el sentido del humor paisa… y lo marcó. Y es que todavía hoy muchos humoristas de estos lares echan mano de los chistes flatulentos para ir a la fija con su público. Puede no ser vulgar, pero es facilista.

Y si Cosiaca formó mi sentido del humor infantil, en mi adolescencia lo hizo don Guillermo Zuluaga, Montecristo, un humorista de unas facultades histriónicas estupendas y una voz versátil (se inició de cantante), que desarrolló su talento de comediante principalmente en la radio con su programa Las aventuras de Montecristo, cuarenta años al aire, de lunes a viernes en cadena nacional. Un fenómeno.

Ahora algunos se apenan de Montecristo porque sus chistes más gustadores eran imitaciones de personas con defectos físicos: cojos, gagos, boquinetos…Y los paisas nos “totiábamos” de la risa. Esos chistes ya no se pueden hacer pues se consideran matoneo…no son “políticamente correctos”. Hoy los comediantes se pueden referir solamente a los calvos, quizá porque este “defecto” vino a ser sinónimo de inteligencia y atractivo sensual

Los comediantes se quejan de que les han estrechado su margen de maniobra para hacer reír porque ya no pueden contar chistes de minorías como los indios, los negros, los gais, los enanos,
los honrados… Entonces todos, con la misma tijera, hacen humor de pareja, burlándose de una nueva minoría: los casados.

Hace poco vi el show de un comediante muy querido y exitoso de Medellín, además un tipo cultísimo, lector acérrimo, egresado de universidad, sibarita de la cultura… y el clímax de su espectáculo fue cuando narró la salida de una ventosidad. El público deliró.

Pero el sentido del humor antioqueño tiene ahora múltiples aristas y disfrutamos de otros tipos de humor gracias al desarrollo del internet, que nos permite ver a comediantes de otras latitudes y disfrutar a Les Luthiers, Monty Python, Tricicle…y claro, a nuestros humoristas paisas que hacen el esfuercito de ser diferentes. No sé si mejores, pero distintos.

 

¿Qué le cambiaría al humor tradicional antioqueño?
Le cambiaría el facilismo, que es la autopista de la mediocridad. Es decir, todo inventor de humor debe desconfiar cuando un chiste le sale fácil y debería repensarlo y buscarle la dificultad. “Elogio de la dificultad” es un famoso texto del filósofo antioqueño Estanislao Zuleta, donde nos dice que la comodidad de lo fácil duerme el espíritu del artista y lo atrapa en el cálido fango de lo vulgar. Mejor dicho: al humor paisa le sobran flatulencias y le faltan ocurrencias

¿Siempre hay que recurrir a los defectos físicos, al regionalismo o a la discriminación para hacer reír?

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