Amoracuyá: la pasión que motiva a una joven heladera

Incansable y enérgica. Quienes conocen a Daniela Lince pueden decir con certeza que son dos de sus rasgos más característicos.

El amor y la maracuyá fundidos en un solo sabor. El sí permanente de William, la disciplina de Gloria y la compañía de Valentino, el perro de la casa, son los motores que impulsan a Daniela a seguir su propio instinto, a crear sabores sin parar, a intentarlo una y otra vez, sin miedo a equivocarse.

A sus 23 años Daniela Lince no para. Ella estudia, trabaja, crea y también  viaja. Estudia Ingeniería de alimentos en la Corporación universitaria Lasallista. Trabaja en Amoracuyá, un proyecto personal que la llena de orgullo. Crea nuevos sabores en su laboratorio de helado junto a William, su papá, quien la inspira en todo momento. Y cuando tiene la posibilidad, viaja para concursar, para formarse, para crecer.

 Todo comenzó en una feria de alimentos. Ella y su papá probaron y vieron tantos helados que eso definió el camino que seguirían explorando: “Tenía 16 años cuando comencé a investigar qué tipo de maquinaria y cuáles eran los procesos que necesitaba, y luego mi papá empezó a hacer cursos en los que aprendía y luego me enseñaba”, explica.

De esa experimentación surgieron las primeras recetas y pronto llegó el momento de ir a la universidad para darle estructura a los conocimientos empíricos. Sin embargo, Daniela tenía las ganas pero no los medios: “Cuando salí del colegio sabía que mis papás no tenían los recursos para pagarme una carrera porque además del transporte hasta Caldas, estaba la manutención, los materiales y el sostenimiento”.

Por eso haber sido aceptada como beneficiaria en el Fondo Sapiencia le dio el impulso que necesitaba para avanzar. “Ha sido maravilloso que me haya resultado lo del Fondo porque me ha ayudado a cumplir otros proyectos que también quería hacer pero que por falta de recursos no podía”.

Capacitaciones en idiomas y viajar a Italia para aprender más acerca del proceso de la heladería han sido algunos de esos proyectos que se han concretado. Pero para llegar hasta la tierra del helado Daniela primero debió trabajar muy duro algunos años. “Las personas a las que les compramos los insumos nos recomendaron que hiciéramos un curso con un experto argentino, yo tenía 20 años y él me dijo un día que debía invertir en un viaje a Italia para aprender más, ‘¿pero yo de dónde iba a sacar esa plata?’”, recuerda.

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El nacimiento de Amoracuyá

 La idea se quedó en la mente de Daniela y después de un par de años de ahorro y un gran empujón de William y Gloria, ella recibió el mejor regalo de cumpleaños: sus papás la inscribieron en un curso de cuatro meses en la universidad Carpigiani Gelato. En este lugar reafirmó su pasión y allí le sembraron otro pensamiento que trazó su rumbo: que participara en el Gelato World Tour 2016, un concurso anual que reunía a los mejores heladeros de América y que realizaría en Chicago, Estados Unidos.

 Daniela empezó a desarrollar ese sabor especial y se puso a pensar en los ingredientes que utilizaría: maracuyá, chocolate colombiano y el sirope especial de maracuyá creado por su papá fueron los elegidos. “Mis papás no lo creían cuando les conté que nos íbamos para Chicago y esa experiencia fue muy bonita, poder conocer de esa forma otro país y además con ellos fue muy especial”, recuerda con una sonrisa.

La familia Lince Ledesma pasó la primera prueba: su sabor fue seleccionado. La segunda prueba era transportar la materia prima y que se conservaran el sabor y la acidez requerida, todo tenía que estar perfecto. La tercera era competir con 57 concursantes de todo el continente.

“Había gente muy tesa y nosotros llegamos a ponernos manos a la obra. Toda la mañana hacíamos helados para entregarlos en la tarde a los jurados del público”, cuenta Daniela, quien el día de la premiación estaba tan asustada que incluso cuando anunciaron que Amoracuyá obtenía el primer puesto no supo qué decir. Solo expresa que: “Lo más rico fue todo ese proceso, la integración, el intercambio cultural, las personas que conocí”.

Ahora la vida de Daniela gira en torno a su universidad y el trabajo en su heladería Amoracuyá –que tiene cuatro meses –. Sigue creando sabores, pasa tiempo con su familia, con su perro Valentino y se prepara para llevar ese sabor, cuyo ingrediente especial es el amor, a un nuevo concurso: el mundial de Gelato que se realizará en septiembre en Rímini, Italia.

Con su frescura y energía, no tiene expectativas por ahora. Simplemente dice: “Me voy con la misma mentalidad con la que me fui para Chicago, a gozármela, a ver qué pasa y pensando solamente: ‘qué nota estar acá”.

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Incansable y enérgica. Quienes conocen a Daniela Lince pueden decir con certeza que son dos de sus rasgos más característicos.
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