Creer, crear y reintentar

De Lolita

Por: Fernando Filevich – Fundador de De Lolita

Soy un optimista empedernido y eso a veces es contrario con aquellos que creen ciegamente en las noticias que escuchan y leen en los “medios de desinformación masiva” como los llamó el Dr. Bruce Lipton en su libro “Biología de la transformación” .

Por eso no escucho ni leo noticias desde hace nueve años, prefiero los libros y las historias reales por ser las que abundan, esas que están llenas de esperanza, perseverancia y especialmente aquellas que contienen la fuerza más poderosa de todas, el amor.

Victor Frankl, escritor del libro El hombre en busca de sentido, fue uno de los primeros autores en hablar de resiliencia luego de haber sobrevivido a un campo de concentración nazi donde perdió a varios seres queridos. Él, en medio de tanto dolor y oscuridad, pudo sobreponerse debido a un descubrimiento que salvaría luego la vida de muchísimas personas, quienes, inspiradas en su historia, encontraron la salida a problemas aparentemente imposibles de resolver.

La fórmula era muy simple “No está en tus manos cambiar una situación que te produce dolor, siempre podrás escoger la actitud con la que afrontes ese sufrimiento”.

Desde mi experiencia he podido verificar que un golpe duele, pero el sufrimiento es una elección, somos libres de cambiar la manera en que interpretamos lo ocurrido, las situaciones por naturaleza son neutras y nosotros les ponemos el tinte de acuerdo con nuestras creencias y los miedos que nos dominan.

En 1998 viví una quiebra, era socio de un restaurante familiar donde yo era el administrador, luego de un montaje con todas las expectativas del caso, finalmente inauguramos lo que sería
un rotundo fracaso.

Se trataba de un restaurante de comida rápida argentina en el oriente antioqueño, sin venta de bebidas alcohólicas. Sí, en la época en que la gente daba la vuelta a oriente conduciendo su carro para tomarse unos traguitos de estadero en estadero, mientras escribo esto, no puedo contener la risa. Sin duda el tiempo le pone humor a la tragedia.

Quedé en la calle y pensé en conseguir un trabajo en lo que resultara, pero mi mamá me dijo, “hay unos equipos de panadería que nos pueden prestar, ¿qué tal si hacemos algo con eso?”. Yo
no tenía otra opción, acepté empezar a vender los corazoncitos de hojaldre que ella hacía por las noches, luego de trabajar en un restaurante todo el día; la valentía y capacidad creativa son una
constante en mi madre. Por el contrario, yo tenía la moral por el suelo, había que transportarse en bus con materias primas desde Medellín y luego desde El Retiro, asimismo, regresar con los
productos para venderlos. Todo eso me sirvió, aprendí que hay que pensar en grande, pero en el momento presente se debe hacer lo pequeño con alegría y consagración.

Creo que la vida nos prepara para lo que estamos llamados a ser, y en cada adversidad vamos elevando nuestro nivel de consciencia, nuestra capacidad de entender que no estamos solos, que
el éxito es una gran responsabilidad y hoy reconozco que en la época de esa quiebra yo no estaba preparado. No tenía ni idea de que este nuevo camino sería el más maravilloso y trascendente que podía transitar en mi vida, en ese momento solo se trataba de la alternativa que la vida me estaba mostrando: podía tomarla o dejarla.

Las cosas no sucedieron tan rápido, pasaron muchos días, cada uno con su propio problema, una amenaza externa, eventos inesperados e injusticias. Un empresario resiliente crea realidades mediante una cualidad fundamental: la adaptabilidad, esto lo mantiene en control sin ser víctima. Alguien adaptativo no se detiene para quejarse ni salir a protestar, más bien enfoca toda su energía en crear algo mejor con la situación que se presenta.

Para el año 2016 éramos una cadena de café realmente importante, pero ese aparente éxito estaba lleno de vacíos, especialmente porque nuestro propósito: “Impactar la vida de personas que llegaron solo por un trabajo para que ellos impacten la vida de las personas que llegaron solo por un café”, no se estaba cumpliendo. En realidad nuestras energías estaban puestas en ser grandes, y había mucho pendiente por hacer hacia adentro. Queríamos unirnos al movimiento de empresas B, una comunidad empresarial que usa la fuerza del mercado para construir un mundo mejor.

Fue un año muy difícil, todo salía mal, nada nos funcionaba, era como un llamado de atención que debía escuchar, cada vez era más crítico.

¿Qué pasa cuando ya estás en la cima y ves que en el paisaje hay muchas montañas más altas que la tuya? Aquí tienes que tomar una decisión.

No ser el más grande sino el más inspirador, es decir renunciar a ser los más grandes del mundo para ser los mejores para el mundo, esa fue nuestra decisión y nos certificamos como empresa B.

Confieso que la resiliencia era una palabra que me molestaba un poco porque una gran parte de mi vida estuvo basada en la búsqueda de placer y la huida al dolor, pero entendí con el tiempo que las situaciones adversas que se presentaron me permitieron fortalecerme, evolucionar, ser creativo, ganar confianza en mis capacidades y en la gente que me rodeaba durante esos sucesos.

Creo que no vinimos al mundo a sufrir y si en tu vida hay sufrimiento, hay que dar un salto urgente desde ese punto a un escenario nuevo lleno de sentido, de propósito. Este ha sido mi antídoto para superar los momentos críticos, dolorosos y angustiantes en mi vida como empresario.

Cuando las cosas no salen
bien, miras a tu alrededor
y encuentras a los que
siempre están ahí para
luchar a tu lado, aquellos
que tienen la capacidad
de levantarte solo con una
mirada o una palabra y que
además son capaces de
confrontarte con amor.

¿Qué eliges, sufrir o trascender?

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Por: Fernando Filevich – Fundador de De Lolita Soy un optimista empedernido y eso a veces es contrario con aquellos que creen ciegamente en...
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