Confiar para sanar

ilustración david escobar Revista Comfama

«¿Qué busca el ciego con su bastón? No busca el camino porque para él todo es camino. Busca al otro»
Samuel Vásquez

 

Recuerdo, cuando estaba en la Universidad, una noche caminando por el centro de Medellín con mi amigo Emilio. Para llegar a la estación del metro debíamos cruzar una zona un poco oscura, bajo el viaducto. Pasamos al lado de un corrillo de personas que conversaban liberando humo. Emilio se volteó a mirarme y dijo: si nos hablan no te asustés, dejame hablar a mí. Efectivamente, nos abordó un hombre alto, con la ropa sucia y los ojos rojos. Emilio le sonrió, lo miró a los ojos: ¡quiiuubo parcero!, ¿cómo va todo? ¿Para dónde van?, preguntó el hombre. Venimos de hacerle la visita a mi novia, vamos a coger el metro. ¿Tienen plata?, inquirió. Solo la del pasaje, parcero, somos estudiantes. El tipo me miró, no muy convencido, pero nos dejó seguir.

Ya sentados en el metro, Emilio me explicó que siempre que él pasaba por ese lugar saludaba alegremente y tranquilo, los reconocía. Tienes que mirar a los ojos sonriendo, pausadamente. La gente se da cuenta de lo que uno siente hacia ella. Al miedo responden con miedo, a la rabia con violencia, a la amabilidad, por el contrario, responden con respeto; al cariño, incluso, con más cariño. Estas personas que habitan la calle me cuidan, no son mis enemigos sino mis vecinos. Emilio siempre fue bueno para enseñar las cosas simples con naturalidad y candor. «Confiar es bajar la guardia», leí hace poco.

«El infierno son los otros», escribió Sartre en alguna obra de teatro. Creemos que los demonios son los demás, pero es su mirada lo que nos devela quiénes somos realmente, nos enfrenta con nuestras sombras, que equivocadamente les asignamos. No tememos al otro, nos tememos. Quizá por eso, nuestro desafío supremo como individuos, como sociedad, es aprender a confiar en los demás. En un principio, vemos a los otros como desconocidos, ocultos tras sus rostros, seres humanos que tienen vidas ricas que no nos alcanzamos a imaginar, personas que trabajan con empeño más allá de las marcas o nombres de sus organizaciones e instituciones. Este desafío es aún mayor cuando se trata de completos desconocidos, y mucho más cuando al entendimiento se le atraviesan prejuicios históricos o culturales. El reto es aprender a ver a través de los sesgos.

En ese sentido, los colombianos debemos reflexionar al mirarnos en el espejo de la séptima ola de la Encuesta Mundial de Valores, apoyada por Comfama. Nuestros indicadores de confianza interpersonal muestran que 95 de cada 100 colombianos dicen que hay que ser cuidadosos al tratar con la gente, solo 26 de cada 100 confían en las personas de otra nacionalidad y apenas 45 de cada 100 confían en los vecinos. Solamente 5 de cada 100 personas confían en alguien que ven por primera vez. La confianza en las instituciones privadas y públicas, por otro lado, es un reflejo de lo que sucede en el nivel interpersonal con una calificación de 2.96 sobre 5. Ni la política ni las instituciones sociales ni las empresas parecen inspirar la urgente y necesaria confianza, más importante ahora que nunca.

Por estas razones, porque se trata de algo fundamental y no vamos tan bien como queremos, proponemos esta conversación. Lo hacemos desde historias reales y posibles, buscando sugerir razones para confiar, mostrando las formas en las que fluye la confianza, evidenciarla con ejemplos, en nuestras empresas e instituciones. Queremos invitar a cultivar la confianza que nos sirve para cruzar cuando el semáforo peatonal está en verde, salir tranquilos al parque, hacer empresa y para amar en libertad, esa que es crucial para convivir como sociedad.

¿Cómo se cultiva la esquiva confianza? Hace poco leía sobre la polarización en las redes sociales donde todo indica que, cuando nos exponemos a las opiniones y formas de aquellos que consideramos «los otros», en lugar de acercarnos, nos metemos en nuestra esquina, como en el boxeo. Un empresario me lo explicaba diciendo que cuando veía a un líder político de izquierda con un lenguaje agresivo frente a las empresas, él se radicalizaba más a la derecha, incluso sin quererlo y sin ser esa su auténtica posición. En contraposición a esto, parece que las relaciones personales entre supuestos oponentes promueven la confianza. Algo cambia cuando experimentamos la empatía y la compasión a través de historias y encuentros, nos damos cuenta de lo obvio, que «todos somos gente». «Es clave escuchar historias, fomentar la colaboración y evidenciar los sesgos», sugiere el investigador Andrés Casas, director de la Encuesta Mundial de Valores para Colombia. Confiar implica aceptar que no tenemos el completo control de lo que hacen los demás ni del futuro. La filósofa francesa Laurence Cornu explica que la confianza es «[…] una hipótesis sobre la conducta futura del otro. Es una actitud que concierne el futuro, en la medida en que este futuro depende de la acción de otro. Es una especie de apuesta que consiste en no inquietarse del no-control del otro y del tiempo». Tal vez sea algo así de simple, no inquietarnos por lo que no podemos controlar, no preocuparnos por lo que se sale de nuestro alcance.

Finalmente, con esta revista pretendemos motivar conversaciones en la casa o en la empresa, en la mañana o al final de la jornada, queremos diálogos que nos inspiren a trabajar por la confianza. Como escribió recientemente Ana Cristina Abad, directora ejecutiva de Filarmed, refiriéndose a este asunto: «[…] es una cualidad propia de los seres humanos y precisamente al hacerse consciente y de manera voluntaria, supone un esfuerzo conseguirla». Poco a poco, a partir de pequeños avances, de ejemplos en principio silenciosos, habrá más personas capaces de poner su humanidad, su futuro, su autonomía o su vulnerabilidad en manos de otros, que percibe dignos de confianza. Así, un día, gracias a esta lenta revolución hecha a muchas manos, quizá Colombia sea un país como el descrito en el inolvidable poema Los Conjurados, de Borges, en el que finalmente, «comencemos a olvidar nuestras diferencias y acentuar nuestras afinidades».

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«¿Qué busca el ciego con su bastón? No busca el camino porque para él todo es camino. Busca al otro» Samuel Vásquez   Recuerdo,...
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