Comenzar el año con gratitud

ilustración david escobar Revista Comfama

Muchas gracias al humo, a los microbios, al despertar.
Gratitud, Oliverio Girondo (fragmento)

 

¿Te acuerdas cuando llamaron de Eafit, aún no había pasado un año de la muerte de tu papá, a confirmar la beca con la que pudimos pagar ese primer semestre inalcanzable?, ¿te acuerdas cuando llamaron del banco en el que trabajó tu papá a decirme que habían decidido darme trabajo como gerente de una pequeña oficina en el centro de la ciudad?, ¿te acuerdas de esos amigos del alma que me acompañaban los fines de semana cuando enviudé, mientras estaba en la casa, llena de miedo, pensando que mis hijos adolescentes podrían morir en cualquier esquina?, ¿te acuerdas también de cuando me quedé sin empleo con la fusión de los bancos y me dieron trabajo en la Clínica Cardiovascular, el trabajo que más disfruté y en el que más aprendí en la vida? Tantos años después de la muerte de tu papá, me siento agradecida y orgullosa de la familia que somos, hemos luchado y trabajado mucho. También es verdad que mucha gente nos ayudó y que solos no hubiéramos podido. ¿Cómo no reconocer, cómo no agradecer?

Han pasado casi tres décadas desde la muerte de mi padre. Estas reflexiones tranquilas de la mujer admirable que es mi mamá, esos aprendizajes que surgen con los años, su agradecimiento a personas y empresas, hacia la vida misma, alimentan mi esperanza. Los años dan perspectiva, fomentan la gratitud y cultivan la humildad. Cuando uno está metido en un problema es fácil perder de vista el contexto, ver solo lo negativo y creer que está afrontándolo solo. Pero cuando miramos al pasado, vemos un montón de pequeñas cosas, que parecen casualidades, empujones del azar y miles de apoyos de terceros que posibilitaron nuestro camino.

A veces dejamos de percibir las maravillas que la vida nos ofrece y no somos conscientes de la situación de otros, cuyas desgracias son muy superiores a las nuestras, no valoramos suficiente el apoyo que recibimos ni las oportunidades que nacen de cada crisis. Perdemos el empleo, pero tenemos energía y salud. La empresa tuvo un mal año, pero sigue su marcha. La pandemia nos encerró, pero también nos unió. Perdimos a alguien querido, pero los demás continuamos la vida. Podemos ver el vaso medio lleno o medio vacío, siempre tenemos la opción.

Al superar un problema, el que sea, enfermedad o desempleo, carencias o soledades, tendemos a creer que el éxito es producto de nuestra capacidad. En cambio, cuando algo difícil nos llega, pensamos que es mala suerte o culpamos a los demás, al Gobierno, al otro, a quien sea. Nos negamos a reconocer lo frágiles que somos, ignoramos nuestra vulnerabilidad, nuestra interdependencia con los demás, con las empresas, con las instituciones, con nuestros conciudadanos. La vida es una sucesión de hechos improbables que sin embargo suceden gracias a la red humana y social de la que somos parte. ¿Cuánto de lo que somos y hacemos, de lo que hemos vivido y logrado depende de los demás?

Gracias a las tribulaciones evidenciamos que no somos, sino que intersomos, como dice bellamente el monje budista Thich Nhat Hanh. Hacemos y vivimos gracias a una amplia malla de relaciones más o menos visibles. «Ningún hombre es una isla», escribió John Donne. La humanidad es exitosa cuando y porque coopera. No somos más fuertes ni más rápidos ni tenemos mejores sentidos que los demás animales del planeta. Somos buenos para trabajar en equipo, desde las tribus hasta los imperios, desde una huerta hasta las empresas multinacionales, somos el Homo Cooperador. Desde la comida que compramos en el mercado, pasando por los libros que leemos o el cine que vemos, hasta el agua o el internet que llegan a nuestras casas, son producto del trabajo y la creatividad de millones. Tenemos mucho por agradecer, a mucha gente.

Le escuché a un empresario decir que «los momentos importantes deben comenzar siempre con la gratitud», y este sí que es un año importante, porque debemos afrontar la pandemia, que no terminó en diciembre como muchos quisieran ni se acaba tampoco con la llegada de las vacunas. Debemos adaptarnos a lo inevitable, aprender del año pasado y seguir caminando. Este es el año para reactivar la economía, el empleo, las relaciones, la educación, la cultura y la vida entera.

Por eso, en Comfama proponemos comenzar el 2021 con gratitud profunda, no con fe ciega, sin decirnos mentiras, asumiendo la dificultad y la realidad. Necesitamos ahora una gratitud que ilumine, pero no obnubile, que nos aliente sin quitarnos la agencia sobre nuestra vida. Sugerimos un ejercicio sencillo para familias, empresas y grupos de amigos. Hagámonos esta pregunta para abrir el corazón y predisponer los espíritus: ¿qué tenemos para agradecer? Siempre, hasta en las situaciones más extremas y dolorosas, habrá motivos para la gratitud.

Aunque el año no comienza con la esperanza en su punto más alto, no nos podemos desanimar. Las instituciones, gobiernos, hospitales, empresas y organizaciones sociales no nos rendiremos. La vida siempre se abre paso; ahí están la familia que abraza de lejos, los amigos que nunca fallan, el arte que nos ayuda a resistir la tormenta, nos tenemos unos a nosotros, estamos vivos: tenemos la responsabilidad de la esperanza.

Agradezcamos juntos para que de allí emerja el futuro. Agradezcamos para que la compasión y la solidaridad ganen ímpetu. Agradezcamos para reconocer nuestros privilegios con humildad y alentar la solidaridad. Agradezcamos para ver la luz en medio de las sombras, para encontrar en nuestro interior la fuerza y la inteligencia, la paciencia y la sabiduría necesarias para seguir sirviendo, para seguir creando, para no dejar de luchar.

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Muchas gracias al humo, a los microbios, al despertar. Gratitud, Oliverio Girondo (fragmento)   ¿Te acuerdas cuando llamaron de Eafit, aún no había pasado...
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