La felicidad de los Builes León tiene techo y paredes

“Tener vivienda no es riqueza, pero carecerla es pobreza” es una frase que usan los abuelos para expresar el alivio que conlleva tener un techo propio…

… un lugar donde compartir, en el cual conversar  y dar y recibir un abrazo con tranquilidad. Eso experimentan hoy Célimo y su familia. Los Builes León son felices.

Son cuatro, Célimo es el papá, Argemira es la mamá, Ana María es la mercaderista y Lina, en pocos meses será la abogada de la familia. Durante 36 años ininterrumpidos pagaron arriendo. Al mismo tiempo cultivaban un sueño: tener una vivienda propia.

Argemira es ama de casa, de esas que hace rendir todo y sabe ahorrar, siempre tuvo su objetivo muy claro  y mensualmente guardaba una platica para ajustar la cuota inicial de la casa.

Célimo es instalador de Drywall, es trabajador independiente, en octubre del 2015 su nuevo patrón le contó que lo afiliaría a Comfama, cuando una de las hija de Célimo supo no lo dudó ni un instante, convenció a Argemira y se la llevo esa misma semana, un martes, para una de las reuniones informativas  del subsidio de vivienda en la sede Comfama San Ignacio.

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“Al que le van a dar le guardan y le calientan” eso dice el refrán popular, eso les pasó a los Builes León, desde el día en que se animaron a postularse al subsidio para compra de vivienda nueva, las buenas noticias empezaron a llegar una tras otra. Dos meses más tarde, un 23 de diciembre los llamaron para asignarles el subsidio. “Se nos adelantó la Navidad”, así lo recuerda Argemira.

El 2016 fue el año de la búsqueda, miraron juntos varias alternativas para encontrar su casa anhelada. “Todas las opciones que encontrábamos eran pequeñas o apartamenticos” cuenta Argemira, también recuerda que lo que ellos querían era una casa.

Cuando las opciones y las suelas de los zapatos parecían agotarse a Célimo se le ocurrió una idea: volver a Comfama. Le dijo a su esposa que allá los podían orientar para encontrar dónde hacer efectivo el subsidio. Así fue, a los Builes León les  ofrecieron seis alternativas, una de ellas se llamaba Santa María de Robledo, quedaba en el occidente de Medellín y era una unidad residencial de casas unifamiliares, grandes y con posibilidad de ampliación. Cuando fueron a conocerla los ojos se les llenaron de un brillo especial. ¡Esa sería su casa!

Rápido hicieron los trámites para un crédito, todo salió bien. Hoy no pagan arriendo, mensualmente, su dinero, lo  invierten en  la cuota a su patrimonio, su hogar, su casita, esa que están acomodando a su gusto, con sus cosas, sus espacios. Allí es donde cada vez son más unidos y comparten más, pues todos coinciden en que: “tenerla es como un sueño hecho realidad”. Hoy los Builes León son felices.

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“Tener vivienda no es riqueza, pero carecerla es pobreza” es una frase que usan los abuelos para expresar el alivio que conlleva tener un techo propio…
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