Celebrar alrededor de una olla

Celebrar la vida junto a los seres queridos. Detrás de cada reunión de la familia Martínez existe un propósito que los une, encuentros que aprovechan para compartir y demostrarle amor al otro.

 

Juan Felipe Martínez Cano es auditor hotelero, tiene 31 años, desde niño es consciente de la importancia y el impacto que tiene su familia en su vida, pues, más allá de ser su primera escuela, es centro de felicidad, protección, confianza y celebración.

Apenas la alborada hace su anuncio del mes que llega, la familia Martínez Cano se prepara para recibir la fiesta más importante y significativa para ellos. Después de las novenas navideñas, el intercambio de regalos del 24 de diciembre y la despedida de año viejo, cada primero de enero se reúnen sagradamente para dar la bienvenida a un nuevo año.

Consuelo y John Jairo, tíos de Juan Felipe, son los encargados de llevar a cabo los preparativos. Viven en Bogotá, pero viajan días antes a Envigado para separar el espacio donde se llevará a cabo el evento, hacen una lista con los ingredientes necesarios y pactan una cuota para que cada asistente aporte a la causa común.

Los habitantes del barrio El Trianón, en Envigado, afianzan esta tradición familiar durante años. Cada primero de enero, desde temprano, llegan algunos familiares para organizar el sitio y comenzar a montar el sancocho en una enorme olla metálica llamada marmita. Poco a poco la gente llega, los invitados e incluso otras personas que simplemente aparecen de sorpresa. No importa si aportaron para la fiesta… hay comida para todos. La fiesta familiar de los Martínez y los Cano se convierte en un regocijo colectivo que acoge al que llega.

Más de 50 personas, entre abuelos, tíos, primos, hermanos, sobrinos, cuñados y amigos asisten cada año a la famosa sancochada. Mientras los niños juegan, los jóvenes y los adultos se ponen al corriente de sus vidas y comparten todo lo que haya en la mesa, esa que se convierte en un banquete de sentimientos. Entre risas y recuerdos llega la noche para avisar que es hora de terminar el evento o de buscar otra manera de seguir la fiesta. Un día es poco para conmemorar el amor.

Con nostalgia, Juan Felipe cuenta que el primero de enero del 2021 marcó un precedente en sus vidas: fue la primera vez en años que la familia no pudo encontrarse debido a la pandemia. Luego y, por supuesto sin esperarlo, fue una despedida la que los hizo reunirse: en una breve ceremonia religiosa, en marzo, despidieron a la tía Marta, quien falleció a causa del COVID-19. Según Miryam, hermana de Marta y madre de Juan Felipe, las circunstancias dejaron entrever que la salud, el bienestar y los recuerdos de la tribu serán las razones que se compartirán en la mesa en la próxima celebración.

Hoy los Martínez Cano piensan cómo será la próxima fiesta: más vecinos, comida, encuentro o más días. Tienen una certeza: hay que celebrar la vida.

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Celebrar la vida junto a los seres queridos. Detrás de cada reunión de la familia Martínez existe un propósito que los une, encuentros que...
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