Amigas a pesar de los desacuerdos

¿A cuántas personas anulamos porque no piensan como nosotros?, discutir las ideas puede ayudarnos a ampliar nuestra mirada de la realidad. Tramitemos nuestros desacuerdos y no perdamos más amigos.

Somos amigas desde el colegio. Construir nuestra amistad en esa época fue una suerte, pues de haberla conocido hoy, tal vez la habría descartado por su apariencia: nuestras expresiones de la feminidad son completamente opuestas. También nuestros gustos e ideas: ella celebra su cumpleaños en un discoteca de reguetón; yo, en una taberna de música vieja; ella tiene un carro que por grande a veces es difícil de parquear; yo, no he renovado mi pase desde los 16 y el último de mis deseos es comprar un vehículo. Y así en política, en religión, en los negocios, en la educación y hasta en el manejo de la información.

Hace poco tocamos el tema de la legalización de la droga. Frente a sus ideas yo preferí quedarme callada, aunque me fui muy molesta. Esa noche decidí que lo mejor era esquivar los asuntos espinosos y mantenernos en la línea de la cordialidad, -pero, si evito esos temas, ¿entonces de qué vamos a hablar? Fácil: del pasado, de las del colegio y sus vidas de Instagram y de nuestra rutina-. Sonrisas y lugares comunes.

La discusión se repitió, también mi actitud, aunque un poco más radical: -¿yo para qué le voy a gastar tiempo a esta amistad?, no coincidimos, no vale la pena. Si piensa así, no es tan buena persona como yo creía-.

Mis amigas, a las que me parezco más, me preguntan con frecuencia qué es lo que me une a ella. Yo contesto que admiro su profundo sentido social, su generosidad y sus ganas de ayudar. Pero hoy mi respuesta es diferente: a ella me une eso que no soy, lo que rechazo, pero a la vez me delimita, el contraste, y mi necesidad de entender lo que no me pertenece. Que ella esté en mi vida significa que hay más riqueza de miradas. Ella representa la no homogeneidad y la salida de mi burbuja de realidad.

No tenemos que estar de acuerdo, solo tenemos que estar dispuestas a conversar. Hace más de dos meses que no la veo ni hablo con ella. -La voy a llamar, necesito contarle que escribí esto y decirle lo que me quedó pendiente de esas conversaciones sobre la legalización-.

¿Con cuántas personas has dejado de hablar porque no piensan como tú?, ¿qué tal hacer el ejercicio de conversar con alguien que tenga ideas totalmente diferentes a las tuyas?

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¿A cuántas personas anulamos porque no piensan como nosotros?, discutir las ideas puede ayudarnos a ampliar nuestra mirada de la realidad. Tramitemos nuestros desacuerdos y no perdamos más amigos.
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