Alexandra: hija de Ana, hija de Eafit… la profesional de la familia

Hay una frase que Ana usa para describir a su hija Alexandra: “El que persevera alcanza”.
Cuando la responsabilidad social universitaria toma forma de rostros y esos rostros sonríen con orgullo y felicidad, es la señal de que sí se puede cambiar el mundo.

Santiago, pero no de Chile, tampoco de Cali. Santiago, un corregimiento de Santo Domingo, en el Nordeste de Antioquia. Allí nació Ana de Jesús Suárez, la misma que desde hace 21 años trabaja en la Universidad Eafit como colaboradora en oficios varios.

Alguien que estudie o trabaje allí, de seguro sabrá de quién estamos hablando. No es gratuito que cuando ella camine por ahí, la saluden con especial cariño. “Es que acá todos tienen que ver conmigo”, dice orgullosa.

Una de sus hijas, Alexandra Chaverra, tiene la explicación: “Es que ella es sencilla, le llega a todo el mundo, es muy amigable y tiene un corazón enorme”.

Desde que tenía cinco años, Alexandra ha ido a estudiar a Eafit. Ser hija de una colaboradora de dicha institución le ha dado el derecho para hacerlo. Primero fue un idioma, la excusa para estar allí donde pasaba más tiempo su mamá y donde las querían tanto a ambas.

Desde entonces, la universidad ha sido como su segundo hogar, y por eso procuraba ser la niña más juiciosa cada vez que su mamá la llevaba. Hacerlo le garantizaría volver una y otra vez.

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Eafit le apuesta al poder transformador de la educación.

Su mayor sueño, entonces, estudiar ahí mismo su carrera, fuese cual fuese. Pero, ¿cómo podría pagarla? Así como estudió inglés de forma gratuita, también pudo hacer su pregrado en Administración y negocios por el simple hecho de ser hija de Ana, esa persona que con empeño, amor y compromiso contribuye a que todo esté en orden.

De cuatro hijos, solo Alexandra aceptó el reto, pues sus hermanos tenían otros proyectos de vida. Pero para cambiar el destino de su familia y su forma de pensar, cree que fue suficiente. “Crecimos en conocimiento y perdimos el temor al mundo. Hasta aprendimos que volar en un avión era posible, que no había nada vedado para nosotros”, cuenta.

Montar en avión… de aquí hasta Monterrey, en México. Un semestre de intercambio le permitió conocer la cultura mexicana y a personas de países tan remotos como Singapur. Montar en avión… de aquí hasta Monterrey para visitar a su hija y descubrir, junto a ella, lugares tan famosos como Puerto Vallarta. ¡Estudiar, sin duda, les cambió la vida a ambas!

Luego de su carrera, Alexandra ganó otra beca, por su rendimiento académico, para hacer la especialización en Mercadeo, también en Eafit. Y su perseverancia la llevó a trabajar en la misma universidad que la vio crecer. Ana, por su cuenta, saca pecho porque la niña que jugaba en las zonas verdes de la U, y que años más tarde armaba un “cambuche” en su cuarto mientras esperaba clase, es ahora la profesional de la familia.

241becas para pregrado entregó EAFIT a hijos de empleados de planta y de cátedra en los dos semestres académicos del 2017.

 

En Eafit empiezan por casa

En la materialización de su responsabilidad social universitaria, Eafit cuenta, entre otros, con un programa de becas para los hijos de sus colaboradores, entendiendo el poder transformador de la educación.

Juan Luis Mejía Arango, rector, explica que hay que empezar por casa: “Estamos convencidos de que una organización crece y progresa en la medida en que cada uno de sus integrantes crezca familiar, espiritual e intelectualmente”.

Según cuenta, la Universidad tiene un estudio que indica que una gran cantidad de hijos de empleados de Eafit son la primera generación, “y ese linaje será diferente para siempre a través de la educación superior”.

 

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Cuando la responsabilidad social universitaria toma forma de rostros y esos rostros sonríen con orgullo y felicidad, es la señal de que sí se puede cambiar el mundo.
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