Agradecer que alguien nos escuche

A Gloria y a Álvaro la rutina les cambió a causa de la pandemia. Una historia acerca del valor y la gratitud que merecen esas personas que dedican tiempo a escucharnos.

 

Gloria Elba Correa y su esposo, Álvaro Restrepo, desde que se pensionaron, dedicaron su vida a estar en movimiento: viajar, asistir a clases de aeróbicos, caminar por algún centro comercial y visitar a sus hijos y a Amalia, su nieta.

Así fue hasta marzo del 2020, porque, a causa de la COVID-19, el mundo se paralizó, en Colombia se ordenó el confinamiento obligatorio, un hecho que, abruptamente, cambió su cotidianidad. Ambos sobrepasaban los sesenta años de edad, eran población de riesgo, y pasaron tres meses completamente encerrados, aislados de sus seres queridos.

Álvaro sentía que los días pasaban sin que hiciera nada útil y, por su parte, Gloria experimentó un problema adicional: hizo sin supervisión médica unos ejercicios que le ocasionaron luxaciones en la espalda. Eso quería decir que, además de encerrada, tenía que estar quieta.

Fueron dos meses de incapacidad en casa. Al reto del confinamiento se le sumó la imposibilidad de moverse. Su esposo fue una compañía salvadora en ese momento, se encargó de los oficios del hogar, además, estaba pendiente del tratamiento médico.

Un mes antes del incidente con su espalda, Gloria abrió un mensaje en su correo electrónico, se trataba del anuncio de la Red de amor, cuidado y salud mental de Comfama. Para los esposos, en momentos difíciles de la vida, como cuando le diagnosticaron cáncer a Gloria, el acompañamiento psicológico fue determinante, que alguien oyera sus inconvenientes les ayudó a encontrar salidas, sin embargo, esta vez no podían asistir a esas sesiones que eran exclusivamente presenciales.

Esta vez decidieron adelantarse y evitar caer en un episodio de desesperación, coordinaron dos sesiones telefónicas semanales a través de la Red. En ellas, los asuntos a tratar variaban: ejercicios de gimnasia mental, creatividad, proyecto de vida o recuento de lo que habían hecho en la semana. Con el paso de las conversaciones, esas interacciones empezaron a sentirse tan cercanas que era como tener nuevos amigos y estar con ellos frente a frente.

Los días de confinamiento dejaron de ser monótonos, las sesiones telefónicas se convirtieron en un momento de conexión consigo mismos. Gloria y Álvaro ya llevan seis meses en el proceso y admiten que eso que surgió como una necesidad, ya se convirtió en un gusto. Siempre será satisfactorio que alguien se interese por conocer, escuchar y acompañar nuestras batallas internas.

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Agradecer… A esas personas, familiares o no, que se preocupan por nosotros y por escuchar nuestras alegrías y derrotas.

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¿Cómo podrías agradecerles a esas personas que te dan su tiempo y te escuchan?

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