Acompañar un duelo

Acompañar un duelo

Para el médico Jorge Gómez, terapeuta neural formado en duelo, la muerte debe ser vista como algo amoroso, no como nuestra enemiga, pues no le entregas tu vida ni la de tus seres queridos a un enemigo. Hablamos con él sobre el duelo, la manera de afrontarlo y de acompañarlo.

¿Qué es el duelo?

Es el proceso de elaboración de una pérdida, no solo de muerte, sino de algo o de alguien significativo. Esa pérdida involucra todos los componentes del ser humano: lo emocional, físico, mental, familiar y espiritual, por eso la persona que la sufre siente que su mundo se derrumba. El duelo es volver a reconstruir ese mundo, eso implica aprender a vivir sin el otro y con uno mismo.

¿Por qué le tenemos tanto miedo a la pérdida?

Porque vivimos en relación a los otros y, cuando pierdes un otro, tienes que mirarte hacia adentro y aprender a manejar ese sentimiento solo.

Pero, ¿puede afrontarse un duelo solo?

No. El duelo es un acto de intimidad, pero a la vez se requiere de acompañamiento para elaborarlo. De lo contrario, la persona corre el riesgo de terminar en una tristeza muy profunda, pensando
que la vida lo traicionó.

¿Qué hacer con el amor que sentíamos por el que se fue?

Nos han enseñado que las relaciones se basan en el tener, entonces al no tener ese sujeto del amor pensamos que perdimos el amor, pero resulta que el duelo es precisamente reintegrar ese amor a la cotidianidad y ofrecérselo de nuevo a la vida. Lo primero es volverse a amar a uno mismo y tras eso aparece la pregunta: ¿cómo honro al que ya no está?, imaginando que ve la vida a través de mis ojos y pensando en qué vida le voy a mostrar. Yo a eso lo llamo traer el cielo cerquita, ubicarlo en el corazón.

El dolor del duelo es directamente proporcional al amor que tuvimos: a más amor, más dolor, por eso nos da tanto miedo volver a amar, pero contrario a lo que se cree, eso es lo que deberíamos hacer, amar a los otros a través de cada una de las cosas que hacemos.

¿Cómo enfrentar y acompañar un duelo?

Es un proceso diferente en cada uno, pero lo primero es tratar de invitar a la persona a descubrir cuál es la emoción que tiene para que se conecte con ella y la transite, por ejemplo, con la muerte llega la frustración por los sueños que no se van a cumplir, la tristeza y el dolor. Esas emociones no se deben juzgar, por el contrario, hay que reconocerle al otro su derecho a la tristeza, al llanto, a la ira, y al silencio.

También hay que ser completamente honesto con él diciéndole que uno no tiene ni idea por lo que está pasando, pero que se está ahí, ofreciéndole un consejo en silencio, acompañándolo en lo que
quiera hacer, ayudándolo con las actividades cotidianas, cuidándolo y escuchándolo hablar del ser que ya no está.

Escribir las emociones y releerlas, hablarle a la foto del ser querido sobre las actividades del día a día, tener un pequeño altar con luz y alguna ofrenda, salir a caminar, tocar árboles, tener espacios de silencio y dormir y comer bien, son algunas buenas ideas para atravesar un duelo.

¿Tener una nueva visión sobre la muerte puede ayudarnos a vivir mejor?

Los japoneses dicen que el que le tiene miedo a la muerte realmente le tiene miedo a la vida. Si tengo tanto miedo de morir es porque estoy viviendo maluco, en cambio, si llevo una vida buena y tranquila, no tendré problemas con la muerte. La herencia más grande que podemos dejar a los otros es morir en gratitud, pero para poder morir en gratitud tienes que haber vivido en gratitud.

¿Cómo educarnos frente a este tema?

No hay que pensar que la muerte es la enemiga de la vida y eso hay que empezar a estructurarlo desde chiquitos, desde los colegios. Debemos entender que la muerte es algo que inevitablemente va a ocurrir, si desde niños tenemos herramientas para las pérdidas no vamos a frustrarnos cuando esta llegue.

El duelo en la niñez

La creencia popular indica que si le hablamos a los niños de la muerte sufrirán traumas, pero, contrario a esa idea, conversar con ellos sobre este tema puede darles elementos que les permitan tener una mejor relación con el final de la vida y mayor tolerancia a la frustración. Cifras del programa El guayacán rojo, dedicado a la construcción de paz en el municipio de Rionegro, indican que la muerte que más impacta en la niñez es la de la mascota, seguida por la de los abuelos.  Estas experiencias en edades tempranas permiten que, más adelante, la persona transite de manera más fácil y tranquila por las emociones relacionadas con el vacío.

“De nuevo
llegaron anoche los muertos.
Quise levantarme para recibirlos.
¡Yo era uno de ellos!”.
Memoria del olvido,
Manuel Mejía Vallejo

¿Cuántos duelos tienes que no has comunicado?, ¿cómo estás acompañando la tristeza por la ausencia de quienes están cerca de ti?

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1 Comment

  • Excelente artículo sobre ¿mi último dia? Me identifico totalmente con el. Y que bonito me parece poder seguir trabajando en el miedo a la muerte (estoy trabajando perdonalmente en ello) y saber dia a dia lo delicioso que es vivir!

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