1.000 días para alimentar el cerebro

mujer con bebe mirando a medellín
Gen 0 es una iniciativa de puertas abiertas: no tiene color ni religión ni estado civil, que busca, para el año 2030, la primera generación con cero desnutrición crónica en Colombia.
De los primeros mil días de vida depende gran parte del desarrollo del ser humano.

En la cima de una colina, en el límite entre Medellín y Bello, más arriba de Santo Domingo Savio, queda el barrio El Pinar, un asentamiento de familias desplazadas por la violencia. Allí, con sus dos hijos, vive Natalia Johanna Atehortúa.

La violencia, los conflictos familiares y las pocas oportunidades laborales no son excusa para Natalia. Para ella, el papel más importante es el de ser madre, confiesa que sus dos hijos son su razón de ser.

Muchos factores diferencian sus dos embarazos; hoy con veinticuatro años, desearía haberle brindado la alimentación y cuidados correctos a Edward, su primer hijo. Aunque el amor materno nunca le faltó, reconoce que, producto de un embarazo adolescente, no tuvo el conocimiento ni el tiempo que un bebé necesita.

Con Samantha las cosas fueron diferentes. Soñaba con brindarle las bases necesarias para su desarrollo, razón por la cual, desde su gestación, recibió el acompañamiento del Programa Gen cero que significa: primera generación con cero desnutrición crónica en Colombia para el año 2030.

Primeros mil días de vida

Desde la gestación hasta los dos primeros años de vida se presentan las grandes oportunidades para el desarrollo humano. Sin la alimentación adecuada de la madre y de los niños los rezagos pueden ser irreparables.

Es en esta etapa cuando el cerebro comienza a desarrollarse, los bebés se preparan para aprender a caminar y hablar, además de ganar estatura. Los infantes empiezan a crear lazos afectivos, a reconocer, descubrir, jugar y aprender.

Samantha nació midiendo cuarenta y nueve centímetros y pesando tres mil gramos. El camino apenas comenzaba y la leche materna era el único alimento capaz de hacer que el cerebro se desarrollara y que la niña creciera.

Natalia lactó durante los seis primeros meses, el tiempo indicado para que Samantha ganara grasas, minerales, proteínas y defensas; pero lo más importante, creó el vínculo de amor que más alimenta: la relación madre-hija.

Ahora Samantha tiene diez meses, cumple con la talla para un bebé de su edad, tiene grandes ojos marrones, está aprendiendo a caminar. Natalia la mira y sonríe porque sabe que va por buen camino.

En Colombia, la mediana del tiempo de lactancia materna está en 1,8 meses. La OMS indica que la lactancia exclusiva debe ser mínimo de seis meses.

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Regresa: Aprender, jugar, descubrir

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De los primeros mil días de vida depende gran parte del desarrollo del ser humano.
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